Welcome to my blog, hope you enjoy reading
RSS

jueves, octubre 18, 2018

Un año sin ti

Un día como hoy 26 de octubre hace un año mi corazón se hizo trizas, la vida me quitó a mi tío querido, a mi segundo papá, al que me cuidaba desde que nací cuando mis papás se iban a trabajar, el que me consintió desde que tengo uso de razón. No puedo creer que haya pasado un año sin ti, tío, nunca voy a entender por qué tuviste que pasar por eso, y de esa forma.  Siempre tendré metido en la cabeza que no merecías esto, tú deberías estar aquí, con esa sonrisa torcida, tus bailes locos, tus bromas, tus muecas. Las reuniones familiares no son las mismas sin ti, sobre todo cuando escuchamos esas canciones graciosas que bailabas y nos carcajeábamos con tus payasadas, no es lo mismo, nada es lo mismo. Yo no puedo hablar de ti, ni escuchar cuando hablan de ti sin sentir el nudo en la garganta, el corazón retorcido, sin poder evitar que se me salgan las lágrimas, simplemente no puedo. Te confieso que sigo llorando con llanto sola en mi cuarto viendo tu foto, esa que tengo en mi mesa de luz. Nunca olvidaré este día hace un año, cuando sabía lo que pasaba y yo no hacía nada más que negarlo en mi cabeza y rezaba mirando al cielo para que eso que estaba pasando, no fuera cierto, creía que ese Dios podía hacer que todo fuera una mentira, un mal rato, un susto. Pero no, de nada bastó tener fe y creer en algo que era imposible, que ese Dios no hizo nada y permitió que todo fuera tan doloroso, tan trágico, que por más que rogamos de rodillas ni toda nuestra "fe" junta, logró salvarte. Todo fue tan inesperado, todo fue tan rápido, todo fue tan terrible, que al recordarlo siento exactamente lo mismo que sentí al vivirlo. Esa impotencia de no poder hacer nada, de pensar en por qué no llegué antes, que por qué me demoré, que pensaba que era otro de sus arranques donde se encerraba en su cuarto y que cuando yo tocara la puerta él me iba a abrir y se le iba a pasar y todo iba a estar bien, pero no fue así. Nunca me abriste la puerta, tío, lo hicieron los bomberos. Nunca pude verte salir, me tapé los ojos cuando te sacaron, nunca más te volví a ver, nunca más te volví a abrazar, nunca más volví a escuchar tu risa. Aún tengo esa sensación de que llegarás y tocarás la puerta con los dedos como siempre lo hacías, trayéndome algo o simplemente para quedarte viendo televisión, o para enseñarme los vídeos graciosos que te mandaban o cuando preparábamos todo para ver algún partido de fútbol, el clásico, tú con tu camiseta de Alianza y yo con la de la U. Te extraño tanto tío, NADA ES LO MISMO SIN TI, NADA. Todavía uso la pijama que me regalaste, esa que no es tan bonita pero que me abriga como cuando me abrazabas y me besabas la frente palmeándome la cabeza, mientras tenía apoyada mi cara en tu pecho. Me haces mucha falta, no logro superar que ya no estás, ni siquiera sé si lo superaré algún día. Solo sé que no me acostumbro a tu ausencia, que siempre pienso que pude haber hecho más por ti, mucho más y no lo hice. Te debo tanto, tío de mi corazón, gracias por todo lo que me diste, el tiempo que me dedicaste, las veces que me salvaste y perdóname por no poder haberte salvado a ti, por no saber qué hacer, por renegar cada vez que no te dejabas ayudar, por no haberte abrazado más fuerte. Por mucho amor que siento por ti, al final de todo no pude sacarte del hoyo en el que estabas.
No me voy a olvidar del sufrimiento de la familia, de todos de cada uno de nosotros. Y lo que JAMÁS voy a perdonarle a la vida ni a ese Dios a quien tanto rogamos, es por el sufrimiento de la abuelita, que en el día de su cumpleaños tuvo que enterrar a uno de sus hijos, tuvo que escuchar que todos le dieran el pésame en vez de que le digan feliz cumpleaños, JAMÁS aceptaré eso, me digan lo que me digan.
Solo creo en el universo y en la naturaleza, en todo lo que realmente me da paz, en lo que no me falla, en la energía positiva, en ayudar a los demás, en dar de corazón todo, en hacer las cosas bien, sin lastimar a nadie.
Yo sé, tío, que tú tienes mucho que ver con todas las cosas buenas que me están pasando, que eres mi angelito de la guarda y que me sigues cuidando desde donde estás, gracias por ser siempre una luz en mi camino, deseo tanto volver a soñar contigo, saber que tienes paz allá en el cielo, dame señales, solo eso te pido.
Cuida a la abuelita, a mi mamá, a Christina, a toda nuestra familia. Mi tío Carlos y tú, han dejado dos espacios vacíos, pero seguimos unidos como siempre. Te extraño tanto, perdóname si en algún momento te decepcioné, siempre quise lo mejor para ti, hubiera hecho lo imposible para evitarte todo el dolor que sentías, nunca pensé que podía perderte, pensaba que siempre estarías cerca, pendiente, con tus miles de detalles. Me equivoqué. Me resulta imposible buscar la manera de terminar de escribir esto, tengo tantas cosas por decirte, por contarte, necesito oír tu voz una vez más. Estoy llorando desde que pensé en el título de este post, y sigo llorando con cada frase que escribo, porque no tengo la manera exacta de describir lo que siento desde que te fuiste, no puedo plasmar tan solo con letras el dolor real que tiene mi corazón, me quedo a medias sin poder sacar toda la pena que está dentro de mí. Sería muy egoísta pedirte que me quites este dolor sabiendo todo lo que has sufrido. Te extraño y te extrañaré siempre, todos los días de mi vida. Y si en algún momento tengo un hijo, le voy a poner tu nombre, me lo he prometido, te lo debo. Tenías tantos planes, siempre queriendo unir más a la familia, los paseos, las juergas, los conciertos, los almuerzos, la casa de playa, el cumpleaños de la abuelita, el primer año de Christina.
No puedo tío, no puedo con tantos planes truncos, no puedo soltarte, no quiero, no puedo, no quiero...
Te quiero.

0 comentarios:

Publicar un comentario