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sábado, septiembre 22, 2018

La importancia de quererse

Como saben, desde hace más o menos 7 años tengo un problema de depresión, por un acontecimiento fuerte en mi vida. Desde esa época he luchado mucho contra eso, he llevado terapias psicológicas y espirituales, he leído metafísica, he ido a charlas motivadoras, he buscado ayuda hasta con un chamán, he salido de Lima para romper la rutina, he conocido filosofías de vida, entre otras cosas. Tenía problemas de autoestima y no podía estar sola, no soportaba la idea de no tener a alguien a mi lado, para lo que sea. Me volví emocionalmente dependiente de los demás, o de alguien es específico, en cada etapa, me aferraba a gente que me hacía daño, porque inconscientemente quería autocastigarme. Vivía demasiado libre porque quería llenar soledades e irónicamente fue la etapa en donde más vacía me sentía. Ni yo me respetaba, no podía esperar a que los demás lo hicieran.
Fue una etapa muy desordenada y fea de mi vida. Hasta que me enamoré de nuevo, de un corazón puro que me hizo volver a creer en el amor, fue bonito mientras duró. A partir de ese momento, a mediados del 2014, entendí la importancia de quererse. Ahí empezó mi otra lucha, aprender a quererme, a gustarme, a que me encante lo que veo cuando estoy frente al espejo.
Es difícil, sobre todo después de haberme odiado tanto.
No me gustaba mi cabello, mi cuerpo, mis pecas, ni cómo me quedaba la ropa o los zapatos. No me gustaba, no me quería, me sentía como cualquiera, a pesar de que todos me decían lo guapa que era, pero no les creía.
Estuve llevando una terapia espiritual, me metí a hacer yoga después, comencé a cambiar hábitos, sobre todo mentales, pensar siempre en cosas positivas, no darle importancia a lo malo o lo negativo, perdonar y pedir perdón a mis papás, a las personas que en algún momento pensé que me habían lastimado. Fue un trabajo constante, los resultados no iban a ser de la noche a la mañana, pero confieso que desistí algunas veces, unas etapas más largas que las otras. Pero siempre volvía a retomar la terapia. Hasta que se me hizo costumbre, pensar bonito, pensar positivo, ver la vida diferente. Creo en el universo, en la naturaleza, en el poder de la mente. Estaba acostumbrada a que me pasaran cosas malas, pensaba que la vida se la había agarrado conmigo y que merecía todo lo que me pasaba. Ya habían pasado años en esa lucha. Conocí personas importantes, ya no me lastimaba ni dejaba que lo hicieran, había llegado a un punto en donde estaba agotada emocionalmente, ya no quería más dolor, más equivocaciones, tenía que soltar cosas y personas que no me estaban haciendo bien. Me sentía cegada y se me hacía muy difícil.
Más o menos desde el año pasado (2017) comencé a mirarme más en el espejo, a sonreírme, a apreciar todo lo que tengo, a ver el tono y la textura de mi piel, lo hermosas que son mis pecas, lo sexy que es mi cuerpo, lo bonito y brillante que estaba mi cabello. Me compré cremas, óleos, perfumes caros, ropa linda, bikinis, me los probaba, modelaba frente al espejo y me encantaba lo que veía. Desde esos días se me hizo costumbre mirarme al espejo con una sonrisota. Este año, mi lucha fue más fuerte, realmente me deshice de cosas y personas que no aportaban nada bueno en mi vida, que no me daban paz ni tranquilidad, decidí dejar atrás todo lo que no me hacía bien por más aferrada que creía estar. Dejé de ver hacia atrás, hacia el pasado, y comencé a ver hacia otros lados y me encontré con personas increíbles, una mucho más que todas. Y bueno, ahora puedo decir que me siento bien, estoy contenta, estoy tranquila, estoy en paz. Estoy en el camino correcto. El universo me ha dado las respuestas que necesitaba.
Hace unos días le dije a mi chico que debí empezar la dieta en julio para estar lista en verano, él me dijo: ¿Por qué? Así estás bien. Le dije que quería bajar la panza, y él - en son de broma - me dijo que para quién quería estar sin panza si a él le gusta cómo estoy, a lo que yo le respondí: porque yo me quiero ver sin panza, porque yo quiero estar planita, yo quiero verme bien para mí, no para los demás. Sonrió, me dijo: qué rica eres y me dio un beso, de esos que te aceleran el corazón. Ahí recién me di cuenta que todo lo que estoy haciendo es por y para mí, para nadie más.
Igual nunca empecé la dieta, y sigo comiendo chatarra. Antes tenía el cabello largo y rubio, hoy lo tengo corto y oscuro, ¿y saben qué? me encanta lo que veo frente al espejo. Tanto así que ahora cada vez que lo hago, me digo: putamadre, qué rica que soy - lo conté en otro post - no es ego, me he aceptado, me quiero, me amo tal como soy y me encanto.
Con esto no quiero decir que esté "curada" de la depresión, de hecho hay momentos que tengo mis bajones, pero he aprendido un montón a controlar mis emociones y salgo rápido de eso. Como dije, es una constante lucha, pero ahora se me hace más fácil, hasta que en algún momento no haya rastro de eso.

Las personas a tu alrededor pueden querer ayudarte, pueden darte herramientas para que salgas de algún problema o alguna situación difícil, pueden hacerlo, pero si uno mismo no toma la decisión de cambiar, de querer algo mejor para ti, no sirve de mucho. Al final te cansas de sentirte mal y vas a querer un cambio. Hay que ayudarse y hay que dejarse ayudar. Hay que soltar, sacarse la venda de los ojos, hay que quererse y hay que dejarse querer.

Si te has identificado con este post, si estás pasando por algo parecido, permíteme decirte que siempre hay una salida, siempre hay motivos para querer sentirse bien y encontrar esa paz que en realidad la tenemos dentro de nosotros. Solo hace falta sacar lo que no necesitamos. Que vale la pena algunos sacrificios, porque al final entenderás todo, encontrarás tu estabilidad emocional y lo disfrutarás porque es lo que mereces.

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