Mi mejor amigo es uno de esos príncipes sin reino que corren por
ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al
revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a
derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de alguien como yo, lo
dice todo. Me mira y se cree que no lo veo. Imagina que me evaporaré si me toca
y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que
no sabe cómo subirse. Me escribe y me envía canciones en aviones de papel.
Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están
envenenados y yo soy tan cobarde que, por no perderlo, no se lo digo. Finjo que
no lo veo y que sí, que me voy a evaporar… Mi mejor amigo es uno de esos
príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las
princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que
besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es
porque él ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las
mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean
bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca he tenido y,
si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en
mi camino.

