El problema con nosotras, las depresivas, es que buscamos lugares, situaciones, personas para estar y sentirnos bien, cuando llega a nuestra vida alguien que nos hace sentir felices, nos llenamos de todo eso y realmente nos aferramos a esa persona, porque esa sensación de felicidad, tranquilidad y paz es algo no muy común en nosotras y nos gusta sentirnos así, dependemos emocionalmente de otra persona que nos hace bien, porque nos aterra volver a sentirnos nada, porque pensamos que solas no podemos con todo el tema emocional, con nuestros demonios, con nuestros conflictos internos. Cada detalle, cada lugar, cada situación con él, que idealizas tanto, se vuelve muy importante en tu vida y cuidas mucho todo, para que no se cague, para que él no se vaya, no se aleje, no te deje. Muchas veces aceptas cosas con las que no estás muy de acuerdo, solo para "evitar" molestias, problemas o incomodidades para él, todo para que no tenga motivo para irse. Y en tus bajones, tus ataques de ansiedad, que pueden aparecer en cualquier momento, solo quieres verlo a él que te hace tanto bien, porque te sientes segura, querida, feliz, importante, y crees que él es tu única cura y lo abrazas fuerte, lo besas y te agarra la cara, lo miras y te brillan los ojos, le acaricias la cara, el pelo, la barba, sonríes, te acurrucas, y te quedas con su olor, y ya, se te pasa todo, vuelves a sonreír, te sientes tranquila y en paz. Te das cuenta que estás enferma y él es tu medicina, él es tu única cura, porque vuelves a sentirte feliz y quisieras que siempre fuera así. Pero llega un momento en que sientes que las cosas empiezan a cambiar, la actitud ya no es la misma y vuelven tus miedos, tus vacíos, la soledad en cada rincón, te apagas y necesitas tu medicina, que sabes que te hará bien pero ¿el resto del tiempo qué?
Y sientes miedo, y te haces un mundo en la cabeza, todo ocasionado por el miedo, el puto miedo, miedo a verlo a los ojos y darse cuenta que sienten distinto.
Quizás él se cansó de curarte, se hartó de tener que estar ahí cuando entras en crisis emocional, quizás no sabe cómo manejar la situación, quizás simplemente ya no quiere ser tu medicina, quizás encontró algo más importante, quizás ya perdiste la magia que hizo que él se fijara en ti, quizás ya te conoció lo suficiente como para saber que no quiere seguir contigo.
Entonces te aterra volver al estado oscuro en el que estabas y tú también cambias, te pones más dramática, más exigente, más loca, más intensa, no sé, debe ser la desesperación de no querer perder a alguien que te da felicidad a pesar de todo. Y ya sientes que empieza a derrumbarse todo lo lindo que habías creado en tu cabecita y te das cuenta que esa persona que te había hecho tanto bien, que te había dado esa felicidad a la que tanto te aferrabas, ya no te hace bien y te hundes, porque no lo quieres aceptar, pero lo sabes. Y entras a ese estado donde te contradices, donde luchas contigo misma, porque ya sabes lo que tienes que hacer pero no quieres hacerlo. Y después de darle vueltas a lo mismo, por días, quizás por semanas... decides hablar con él y terminar todo, aún sabiendo que te vas a arrepentir después, pero dentro de ti hay esa pizca de esperanza que te grita a todo pulmón que de pronto él reaccione y haga algo para no perderte, que no permita que esto termine así, pero te equivocas y te duele por mil millones equivocarte y sientes como si eso era lo que él esperaba que hicieras en algún momento y te deja ir, así de fácil, así de rápido, así de sencillo, así de práctico.
Y pasa lo que no querías que volviera a pasar nunca, te sientes nada, vacía, sola, con miedo, y te encierras, y no quieres salir, y te aislas, solo quieres llorar, solo quieres tu medicina, tu cura, pero ya no la tienes, se fue, se perdió, te soltó. Y pueden pasar días, semanas así, agotada emocionalmente, tratando de encontrar la razón por la cual todo cambió, si fue tu culpa, si fue esta maldita depresión, si fueron tus arranques de ansiedad, si fueron tus extremas ganas de querer, tu intensidad al aferrarte a alguien que no te quiere como tú lo quieres. Y deseas con todas tus fuerzas que todo sea como antes, cuando todo estaba bien, cuando eras feliz.
Y sufres.
Mucho.
Te desvelas pensando qué hiciste mal, por qué tuvo que ser así todo esto, con él.
Te culpas y extrañas septiembre. Te preguntas ¿en qué momento se jodió todo?
Y te cansas de estar así, con un nido en la cabeza, y el nudo en la garganta, llorando por todo, drogándote para no pensar, encerrada, destruida, molesta contigo misma. Simplemente te cansas, y quieres desesperadamente salir de ese estado, y empiezas a hacerle caso a tu familia, a tus amigos, a tus amigas y sales, aceptas invitaciones, comienzas a quererte de nuevo, a arreglarte, a querer seguir, a abrir los brazos para recibir todo lo bueno que la vida tiene para ti.
Empiezas a reinventarte, buscas ayuda, retomas la terapia, pones en práctica eso de controlar las emociones, de canalizar de diferente forma las situaciones, de minimizar lo que no te hace bien, dejas ir, sueltas - aunque estés harta de hacerlo - respiras profundo y sigues, y dejas que todo fluya, y conoces gente, y te reencuentras con amigas del alma que te ayudan a salir de esa oscuridad, e inesperadamente te ves sonriendo de nuevo, y tienes esa sensación de que todo va a estar bien, y bailas, y cantas, y ríes, y vas en bicicleta con el aire en tu cara, en tu pelo, y te caes, y te quedas tirada en el grass riendo, y abrazas a otros chicos, y fluyes, y vives el momento, y cierras los ojos, respiras profundo y sonríes, y empiezas a brillar de nuevo...
Te sientes mejor, mucho mejor, tus momentos de vacíos cada vez son menos. Y te das cuenta que la medicina, la cura que tanto necesitas está dentro de ti, que esos vacíos los tienes que llenar tú, con amor propio, haciendo cosas que te hacen feliz, con mente positiva, con esa fuerza interior y dejas que todo fluya...
Y sigues en el camino, con subidas y bajadas, pero con la firme idea de avanzar, porque esa nueva persona en la que te estás convirtiendo, merece sentirse bien, sentirse feliz, merece que le pasen cosas increíbles, merece disfrutar de todo lo bueno y bonito de la vida, merece un complemento sin tener que olvidarse de sí misma, porque esa persona merece tener paz en el alma y en el corazón,
porque esa persona
soy yo.
Soy yo y me quiero bien
y no quiero volver a sentirme insignificante
¿Sabes por qué?
Porque te juro que yo quiero seguir brillando.


2 comentarios:
El puto miedo. Es uno de los motores más abrumadores que pueden existir, vives con miedo o te matas por él.
El miedo jamás se va, sólo aguarda, espera y atiende, sabe que lo necesitas, sabe que más allá de tus sanas o no tan sanas motivaciones, te moverás por él.
Diste tus primeros pasos con miedo, te subiste a ese columpio con miedo, recibiste tus notas en clase con miedo, tuviste miedo esa primera vez, sentiste miedo cuando postulaste a la universidad o a ese trabajo, te enamoraste con miedo, decidiste terminar tu relación con miedo, el puto miedo, tu puto miedo, mi desquiciado miedo.
Pero aquà estamos, aquà llegamos y allá estaremos, ¿sabes por qué?, porque el miedo nos enseñó a ser valientes, porque todo lo que hicimos lo superamos, lo aceptamos y nos paramos firmes a esperar, esperar que la aterradora vida nos ponga a prueba. Provócala, sedúcela, añórala... y cuando se te ponga en frente y quiera asustarte, le harás un guiño y dirás: Jódete puto miedo.
Mi ex era un poco como tú, tal vez no tan depresiva, pero algo. Durante nucho tiempo le decÃa que si felicidad depende básicamente de ella, que yo la querÃa y querÃa lo mejor para ella, que la iba a querer, pero que tenÃa que aprender a quererse ella misma y que, incluso, eso iba a ser mejor para la relación. Ya no estamos hace un buen tiempo, pero me da gusto que ahora es una chica más segura, con más amor propio y, creo, que disfruta más la vida porque aprendió a quererse ella misma y cuidar de ella (emocionalmente). Quiero pensar que ayudé un poquito a que ella esté mejor.
Historias como la tuya siempre me mueven, sea porque me acuerdo de mi ex (que es una muy buena chica y merece ser feliz) o porque me parece que puedes tener muchas cosas para ser feliz (te sigo en Twitter e Instagram). Veo que Tronchito te hace feliz (obviamente es una felicidad diferente a la de una pareja), pero de todas maneras ayuda. En mi caso tengo a Luka, mi perro, que es mi apoyo cuando me siento bajoneado, aunque no me hable.
Sé que no me conoces, pero puedes escribirme cuando quieras, te leeré con gusto.
Publicar un comentario