No sé cómo empezar, no sé cómo plasmar este dolor que siento, ésta impotencia, éstas ganas de gritar que la vida es injusta. Estoy con el alma rota y el corazón destrozado, tengo una presión en el pecho, una sensación extraña, como si estuviera en una pesadilla que espero despertar ya, y que todo esté bien.
Mi tío querido, mi segundo papá, mi amigo, mi cómplice, mi apoyo incondicional se fue al cielo. La conexión que siempre tuve y tengo con él es muy fuerte, él estuvo para mí desde que nací, él me cuidó, me cambió los pañales, me hacía dormir en su pecho, me hacía jugar, me balanceaba en sus brazos como columpio, siempre tenía detalles conmigo, me consintió hasta el último momento de su vida, me compraba leche, me engreía, me hacía bromas, hacía muecas y en las reuniones familiares hacía bailes graciosos. Pero también tenía sentimientos que se guardaba, penas, temores, conflictos, se encerraba en su mundo, no se cuidaba y no escuchaba razones. Muchas veces intentamos ayudarlo, yo siempre trataba de estar ahí para él, como él lo estuvo para mí, y a veces me escuchaba, me entendía, pero otras veces no, y yo me molestaba y renegaba porque no se dejaba ayudar, qué tonta soy, debí haberlo abrazado mucho más fuerte en esos momentos.
Mi tío estaba organizando el cumpleaños de la abuelita, era el que animaba a todos, ya estaba todo listo. Dos días antes fallece en su casa, yo estuve ahí con mi tía, yo llamé a los bomberos, yo me tapé los oídos para no escuchar cuando el bombero le dio la noticia a mi tía, yo no quise aceptarlo pero rompí en llanto. ¡La abuelita! -Fue lo primero que pensé- ¿cómo le voy a decir a mi mamá? Estaba en una pesadilla, fue terrible la forma en cómo pasó todo, los detalles no los voy a mencionar.
A la abuelita la engañamos, no le hemos dicho la verdad de cómo pasó todo, gracias a una de mis tías que supo manejar la situación, la abuelita dentro de todo el dolor, está tranquila, ella es muy fuerte y nosotros la cuidamos y la protegemos mucho.
Lo más triste e injusto de todo esto, es que el mismo día del cumpleaños de la abuelita fue el entierro. Qué hija de puta es la vida que en vez de que ella celebre sus 87 años llena de luz y alegría, haya tenido que enterrar a uno de sus hijos, que en vez que la abracen para decirle "feliz cumpleaños" le den el pésame. Que después de ir al cementerio, hagamos de tripa el corazón y envolvamos de alegría a la abuelita para cantarle el Happy Birthday con su torta y saber que mi tío en espíritu estaba presente como siempre. Poniéndonos de espalda para secarnos las lágrimas y volteándonos con una sonrisa para la abuelita.
Nunca entenderé a las injusticias de la vida, por estas cosas es que pierdo un poco la fe. La abuelita no merecía esto, ella no.
Pero aquí estamos, unidos como siempre, agarrados de la mano, dispuestos a todo para protegernos, fuertes para levantarnos, amándonos y aprendiendo lecciones, pero con un dolor en el alma, un espacio vacío en nuestros corazones.
Por eso, no se guarden cosas, eso hace mucho daño, no solo a ustedes, también a las personas que los quieren, que están a su alrededor. Ayúdense y déjense ayudar, escuchen, conversen, acompáñense, a veces cuando uno no quiere hablar, simplemente necesita compañía, un abrazo, un te quiero, una sonrisa.
Uno puede mostrar alegría por fuera pero no sabemos qué siente por dentro, comuniquémonos, siempre hay alguien dispuesto a escucharnos. No esperemos que nos pasen cosas fuertes para recién darnos cuenta y lamentarnos.
Tío Dani, sé que no te has ido, sigues aquí con nosotros. Aún tengo esa sensación de que aparecerás tocando la puerta como siempre lo hacías. Tengo en mi mente el sonido de tu voz, de tu risa, tu cara, tus muecas, tu sonrisa de lado. No merecías esto tiito, me está costando mucho aceptar lo que pasó. Gracias por estar siempre para mí, mi formación como persona, mis valores y todo lo que soy, al igual que a mis papás y a mi hermanito, también te lo debo a ti y espero de todo corazón, no haberte defraudado.
Ya estás en el cielo con mi tío Carlos, con los abuelitos Mauro y Máximo, nuestros angelitos queridos. Te amo mucho tío, me haces mucha falta, te extraño demasiado, no tengo palabras exactas para describir este dolor que siento, este vacío. Te necesito en mi vida. Descansa tío, encuentra esa paz y esa luz que tanto buscabas y necesitabas, protégenos como siempre, esta vez, desde el cielo.


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