Hace tiempo, cuando tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida, empecé una nueva etapa, estaba asustada y necesitaba ayuda. Me fui de mi casa por una fuerte discusión con mi papá, tenía 19 años y él, a su manera, "me dejó libre" por fin. No solamente necesitaba un lugar dónde quedarme o qué comer, necesitaba ese tipo de ayuda que me libere de ese miedo y resentimiento que tenía dentro y que no me dejaba ser feliz. Hice una terapia espiritual, algo místico, metafísica, filosofía, meditación, amor a la naturaleza, agradecimiento por todo lo que existe, por todo lo que está a nuestro alrededor, disfrutar de los detalles y sonreír, sonreír mucho a la vida, a la gente desconocida, como loca, así. Desarrollé mucho mi intuición, era muy fina, percibía situaciones que los demás no y la vida me daba muchas señales sorprendentes. Veía el mundo diferente, vivía tranquila, era feliz, a mi manera, Matías era mi novio, mi bonito, es una de las mejores personas que ha estado en mi vida. La relación con mi papá mejoró un montón y la vida me iba bien.
(Aquí nunca pongo nombres cuando cuento mi historia con alguien, él, Matías, merece que lo mencione y con honores, por él descubrí el amor bonito. De hecho, en la versión web de mi blog, hay una foto camuflada donde salgo con él).
Me gustaba esa etapa de mi vida, hasta que todo empezó a cambiar, seguro algo hice mal que me desvié de ese camino tan mío, tan mágico. Poco a poco fui perdiendo la fe y las cosas que me pasaban, cada vez eran terribles, nunca pude recuperarme totalmente. Después pasó el peor momento de mi pobre existencia y toqué fondo, llegué hasta lo más profundo del abismo. Pude salir de ahí, sí, pero jamás volví a ser feliz, todo se fue apagando mientras caminaba, ya no sonreía, ni al espejo, nunca más volví a sentir esa tranquilidad en el alma. Ya la vida no me daba señales a pesar que siempre las pedía. Renegaba de Dios, le reclamaba, le preguntaba por qué me había convertido en este ser tan infeliz.
Y así pasaban los días, semanas, meses y años... viviendo con resentimientos, gritando por ayuda pero nadie lograba escucharme, estiraba las manos hacia arriba esperando a que alguien las tomara y me rescatara, pero nada, al final terminaban hundiéndome más. Nunca entendí a la vida, ni la entiendo ahora ¿qué quiere de mí?
Recuerdo esto con mucha tristeza, por ver lo feliz que era y lo profundo que caí sin entender por qué. Se los cuento porque por mucho tiempo estuve buscando una salida que no encontraba, me he cansado de sentirme así, me he sentido agotada emocionalmente, había pensado en ir a un psiquiatra para que me medique antidepresivos y esas cosas. Pero decidí, hace unos días, empezar nuevamente con esa terapia espiritual que me hizo tanto bien, busqué a la persona que me ayudó la primera vez, mi guía, y estoy poniendo de mi parte, es un proceso, pero me siento bien con lo que he avanzado hasta el momento. Estoy aprendiendo otra vez a valorarme y a perdonarme. Ayer me fui a una iglesia, quise hacerlo, pero no quería ir sola, y una amiga me acompañó. Nos sentamos en la última banca y lo primero que pensé fue: "¿y ahora qué?"... miré a todos lados y suspiré profundo... lloré, lo demás no lo voy a contar. Mi amiga me abrazó fuerte y me sentí mucho mejor. No sé qué pasará en este proceso, no sé si estaré bien o no, lo que sí sé es que esto hace mucho tiempo me hizo llegar a un estado de paz y eso es lo que más necesito ahora.
(Aquí nunca pongo nombres cuando cuento mi historia con alguien, él, Matías, merece que lo mencione y con honores, por él descubrí el amor bonito. De hecho, en la versión web de mi blog, hay una foto camuflada donde salgo con él).
Me gustaba esa etapa de mi vida, hasta que todo empezó a cambiar, seguro algo hice mal que me desvié de ese camino tan mío, tan mágico. Poco a poco fui perdiendo la fe y las cosas que me pasaban, cada vez eran terribles, nunca pude recuperarme totalmente. Después pasó el peor momento de mi pobre existencia y toqué fondo, llegué hasta lo más profundo del abismo. Pude salir de ahí, sí, pero jamás volví a ser feliz, todo se fue apagando mientras caminaba, ya no sonreía, ni al espejo, nunca más volví a sentir esa tranquilidad en el alma. Ya la vida no me daba señales a pesar que siempre las pedía. Renegaba de Dios, le reclamaba, le preguntaba por qué me había convertido en este ser tan infeliz.
Y así pasaban los días, semanas, meses y años... viviendo con resentimientos, gritando por ayuda pero nadie lograba escucharme, estiraba las manos hacia arriba esperando a que alguien las tomara y me rescatara, pero nada, al final terminaban hundiéndome más. Nunca entendí a la vida, ni la entiendo ahora ¿qué quiere de mí?
Recuerdo esto con mucha tristeza, por ver lo feliz que era y lo profundo que caí sin entender por qué. Se los cuento porque por mucho tiempo estuve buscando una salida que no encontraba, me he cansado de sentirme así, me he sentido agotada emocionalmente, había pensado en ir a un psiquiatra para que me medique antidepresivos y esas cosas. Pero decidí, hace unos días, empezar nuevamente con esa terapia espiritual que me hizo tanto bien, busqué a la persona que me ayudó la primera vez, mi guía, y estoy poniendo de mi parte, es un proceso, pero me siento bien con lo que he avanzado hasta el momento. Estoy aprendiendo otra vez a valorarme y a perdonarme. Ayer me fui a una iglesia, quise hacerlo, pero no quería ir sola, y una amiga me acompañó. Nos sentamos en la última banca y lo primero que pensé fue: "¿y ahora qué?"... miré a todos lados y suspiré profundo... lloré, lo demás no lo voy a contar. Mi amiga me abrazó fuerte y me sentí mucho mejor. No sé qué pasará en este proceso, no sé si estaré bien o no, lo que sí sé es que esto hace mucho tiempo me hizo llegar a un estado de paz y eso es lo que más necesito ahora.
Estuve demasiado tiempo sintiendo y pensando que no merezco nada bueno, que por eso me iba tan mal, ahora entiendo que merezco lo mejor de la vida y de las personas, porque siempre hago todo de corazón, aún así lo tenga roto. A pesar que no valoren lo que hago o digo, yo me quedo con lo que sale de mí, me necesito bien y si no me van a impulsar a eso, no me sirven y debo alejarme. No merezco desaires, no merezco estar en segundo plano, no merezco sentirme mal por las malas reacciones de los demás. Lo tengo claro, lo tengo presente y necesito acostumbrarme a lo que realmente merezco.
Creo que encontré esa salida que tanto me hacía falta, ahí voy, con fe (ahora sí).
"Tenía una venda en los ojos tan grande que casi me estrello contra la vida"


1 comentarios:
Muchas veces nos cegamos por el amor que sentimos y nos olvidamos de nosotros mismos. Es difícil darse cuenta de eso, pero cuando lo haces... Ahí realmente empiezas a tomar las riendas de tu vida y lo haces bien. Gracias por leerme 😊✌
Publicar un comentario