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miércoles, julio 05, 2017

Recaída

Mantenía la cabeza bien alta, pero aún seguía observando los rastros de su propia tristeza.
Pasaban los días, semanas, meses, años y con ellos, la posibilidad de volver atrás. Días, semanas, meses y años que se habían llevado consigo horas de trabajo, lágrimas, sueños, esperanzas, pero nunca su recuerdo. Lo seguía sintiendo en el medio del pecho.
Persiguiéndola día y noche. Acorralándola a cada hora. Atormentándola todos los días y las noches. Acosándola con situaciones, lugares y momentos que lo traían una y otra vez a sus sentimientos. Los días parecían semanas, las semanas meses, los meses años.
Sentía rechazo por las frases armadas que predicaban que el tiempo curaba todas las heridas. Decía que para ella no existía cura. Sentía que lo había perdido todo  que su corazón se había desgarrado, convirtiéndolo en cenizas que se iban alejando con el viento de un nuevo invierno. Le regalaba las horas al tiempo, desperdiciándolas en encontrar un por qué y un cómo, qué injusta había sido la vida y el destino con ella. No entendía cómo un regalo tan grande que ya era parte de ella, de un día para otro, se lo arrebatarían, arrancándoselo sin piedad del alma. Cómo esa historia que había imaginado una y mil veces en su corazón, esa razón por la cual decidió volverse valiente y fuerte, esa sensación de saber que nunca estaría sola de nuevo, desaparecería. Maldito destino, nadie la cuidó, nadie la abrazó, estaba sola, ahora sí, completamente sola, tenía mucho frío, el corazón hecho pedazos y el alma enferma de resentimiento y dolor, mucho dolor. Esa noche ella se volvió miserable, sentía que no merecía nada y que por eso la vida había sido tan cruel.
Alcohol en la madrugada, mucha hierba para olvidar, para reír sin sentido, sin saber por qué y la misma pregunta antes de cerrar los ojos en su mojada almohada… ¿Dónde van los sueños, la esperanza y la fe cuando todo eso ya no puede ser compartido? No le importaba que el chico que amaba la hubiera dejado, había perdido alguien más valioso que él, alguien suyo, de verdad suyo. Nunca lo culpó, se culpaba a sí misma, siempre, hasta hoy, hasta este preciso momento. Se había quedado estancada desde aquella noche fatal, se había muerto, no quería que le digan palabras de aliento, quería que el puto destino le devolviera lo que le había arrancado de su ser, solo eso, pero era y es imposible. Lamentablemente tenía que seguir su camino, muerta en vida, no importa. Decidió curar almas, a ver si así lograba curar la suya, pero era solo momentáneo, en algún momento terminaba hundida nuevamente. Y así pasa su vida siendo “feliz” con lo que tiene, a su manera, con sus pequeñeces, con sus detalles, pero resentida con la vida, con el destino. Nunca se sintió valorada, muchas veces sentía que se aprovechaban de todo lo que hacía, nadie nunca fue tan agradecido como ella esperaba, quizás ese era el error, después de curar, esperar a que la curen.
De vez en cuando se encierra, se desconecta del mundo, porque no puede más… y llora, simplemente llora, mira hacia la nada, no piensa en nada y solo caen las lágrimas, se asfixia y le palpita el corazón muy fuerte. Debería curarse sola ¿no? Es que se siente tan débil, agotada, cansada… a veces tiene la necesidad de ser curada y otras veces siente que no necesita a nadie. Su héroe, su salvador… ya no existe.
Ya ha pasado un poco más de 6 años.
Ella soy yo

"Lo más valiente que he hecho fue continuar con mi vida cuando quería morir"

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