Mantenía la cabeza bien alta, pero aún seguía observando los
rastros de su propia tristeza.
Pasaban los días, semanas, meses, años y con ellos, la posibilidad
de volver atrás. Días, semanas, meses y años que se habían llevado consigo
horas de trabajo, lágrimas, sueños, esperanzas, pero nunca su recuerdo. Lo
seguía sintiendo en el medio del pecho.
Persiguiéndola día y noche. Acorralándola a cada hora.
Atormentándola todos los días y las noches. Acosándola con situaciones, lugares
y momentos que lo traían una y otra vez a sus sentimientos. Los días parecían
semanas, las semanas meses, los meses años.
Sentía rechazo por las frases armadas que predicaban que el
tiempo curaba todas las heridas. Decía que para ella no existía cura. Sentía que lo había
perdido todo que su corazón se había
desgarrado, convirtiéndolo en cenizas que se iban alejando con el viento de un
nuevo invierno. Le regalaba las horas al tiempo, desperdiciándolas en encontrar
un por qué y un cómo, qué injusta había sido la vida y el destino con ella. No
entendía cómo un regalo tan grande que ya era parte de ella, de un día para otro,
se lo arrebatarían, arrancándoselo sin piedad del alma. Cómo esa historia que
había imaginado una y mil veces en su corazón, esa razón por la cual decidió
volverse valiente y fuerte, esa sensación de saber que nunca estaría sola de
nuevo, desaparecería. Maldito destino, nadie la cuidó, nadie la abrazó, estaba
sola, ahora sí, completamente sola, tenía mucho frío, el corazón hecho pedazos
y el alma enferma de resentimiento y dolor, mucho dolor. Esa noche ella se volvió
miserable, sentía que no merecía nada y que por eso la vida había sido tan
cruel.
Alcohol en la madrugada, mucha hierba para olvidar, para
reír sin sentido, sin saber por qué y la misma pregunta antes de cerrar los
ojos en su mojada almohada… ¿Dónde van los sueños, la esperanza y la fe cuando
todo eso ya no puede ser compartido? No le importaba que el chico que amaba la
hubiera dejado, había perdido alguien más valioso que él, alguien suyo, de
verdad suyo. Nunca lo culpó, se culpaba a sí misma, siempre, hasta hoy, hasta
este preciso momento. Se había quedado estancada desde aquella noche fatal, se
había muerto, no quería que le digan palabras de aliento, quería que el puto
destino le devolviera lo que le había arrancado de su ser, solo eso, pero era y
es imposible. Lamentablemente tenía que seguir su camino, muerta en vida, no
importa. Decidió curar almas, a ver si así lograba curar la suya, pero era solo
momentáneo, en algún momento terminaba hundida nuevamente. Y así pasa su vida
siendo “feliz” con lo que tiene, a su manera, con sus pequeñeces, con sus
detalles, pero resentida con la vida, con el destino. Nunca se sintió valorada,
muchas veces sentía que se aprovechaban de todo lo que hacía, nadie nunca fue
tan agradecido como ella esperaba, quizás ese era el error, después de curar,
esperar a que la curen.
De vez en cuando se encierra, se desconecta del mundo,
porque no puede más… y llora, simplemente llora, mira hacia la nada, no piensa
en nada y solo caen las lágrimas, se asfixia y le palpita el corazón muy
fuerte. Debería curarse sola ¿no? Es que se siente tan débil, agotada, cansada…
a veces tiene la necesidad de ser curada y otras veces siente que no necesita a
nadie. Su héroe, su salvador… ya no existe.
Ya ha pasado un poco más de 6 años.
Ella soy yo
Ella soy yo
"Lo más valiente que he hecho fue continuar con mi vida cuando quería morir"


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