Debo confesar que estoy llorando al escribir esto.
Saben que estoy pasando por demasiadas cosas complicadas, saben que estoy dejando de creer en las oportunidades y cada día pierdo más la Fe. Yo agradezco mucho a todos los que se preocupan por mí, dándome razones para no seguir cayendo, para no rendirme, para que confíe en su Dios. Esas personas que quieren hacerme abrir los ojos e intentan hacer algo para hacerme reaccionar de ese "error", entiendo perfectamente su preocupación, gracias por eso, yo aprecio mucho lo que están haciendo, pero nada me calma, hasta ahora no hay algo suficientemente razonable (a mi parecer) para hacerme cambiar de opinión.
Resulta que hace un par de semanas, me sentía muy mal y decidí caminar sin rumbo por ahí, para despejarme un poco, pensar, no sé. Estaba llorando y había un poco de viento, pasé por una iglesia, juro que no dudé en querer entrar, son muy pocas veces que quiero entrar a una iglesia por decisión propia, no por ser atea o algo por el estilo, sino porque hay muchas cosas de la religión que no acepto ni comparto. Ésta vez, sentía la necesidad de rezar en una iglesia, las puertas grandes estaban cerradas pero había una pequeña puerta abierta, estaba un señor limpiando y me acerqué, le pregunté amablemente si podía entrar un ratito, me dijo que no y me cerró la puerta en la cara. Me senté en las gradas de afuera tratando de entender qué había pasado, por qué tu Dios por intermedio de ese señor me había dado ese portazo en el corazón, en mi alma desesperada por no querer pedir nada, tan sólo querer pedir perdón. Pero no quisieron que lo haga, hasta ahora no sé por qué, quizás no lo merecía, quizás no lo merezco ni lo mereceré. Y seguí caminando, llorando, pensando, buscando señales, como esa vez que pedí una señal y una mariposa amarilla se paró en mi mano, o esa vez que un conejo me dio una tarjeta que decía "hoy es el mejor día de tu vida" o algo así, pero no pasó nada, al contrario, me quedé con ese sabor amargo de lo que había pasado. Ya no he querido entrar a una iglesia después de eso, a pesar que me he sentido peor, sé que puedo rezar donde sea si quisiera, pero no me da la gana de hacerlo. No es la primera vez que me pasa algo así, hace algún tiempo, hablé con un cura porque estaba pasando por momentos muy difíciles, pero me hizo sentir la mujer más pecadora del mundo, me juzgó de tal forma que salí de ahí sintiéndome la peor basura. Y fue así como terminé más hundida de lo que ya estaba. La gente que busca esas oportunidades, cree que yendo a una iglesia o hablando con un cura ayudarían a sentirse mejor, porque lo que menos necesitan es que los destruyan más, pero muchas veces no es así, como en mi caso, yo me pregunto... ¿a cuántas personas les habrá pasado lo mismo que a mí?. Desde esa vez siento que la religión es totalmente hipócrita. Estoy resentida con la vida, estoy viviendo porque sí, porque no tengo de otra y porque soy lo suficientemente cobarde como para hacer algo que me impida vivir. Porque no puedo causarle más dolor a mi mamá, no me perdonaría ser motivo de algún sufrimiento más de ella. No me da miedo pedir perdón. Perdón por resignarme a continuar ésta vida de mierda, sin hacer ni esperar nada, perdón por sólo querer que siga pasando el tiempo, perdón por rendirme y por ser tan débil, perdón por cuestionar a Dios y perdón por ya no creer en él.


0 comentarios:
Publicar un comentario