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martes, julio 10, 2012

Porque su simplicidad no tiene comparación



Nos reímos y seguimos riéndonos así, hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil, lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás loca, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que él ha colgado compruebas que lo hizo de verdad, entonces estás perdida. O mejor dicho, estás enamorada, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo... 


Estoy fuera de los recuerdos, del pasado, pero también estoy perdida, antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan. Y las más estúpidas, las recuerdas como las más bonitas, porque su simplicidad no tiene comparación, me dan ganas de gritar, hace daño, guárdalos en el fondo del corazón, donde no duelan, donde nadie pueda verlos, donde tú no los puedas ver.



Todos hablamos mucho cuando nos cuentan cosas parecidas que le ocurre a otras personas. No sé por qué, pero nunca pensamos que puede sucedernos a nosotros y, en cambio, el día menos pensado… te toca a ti, como si te hubieras traído mala suerte tú sola. Tienes que arreglar cuentas con tu orgullo y tus ganas de seguir con él… pero qué mierda! Siempre he sido mala en matemáticas, y además, en el amor no existen ecuaciones ni operaciones... no existe el contable de los sentimientos o el asesor financiero del amo. ¿Qué ocurre, que hay que pagar un impuesto para ser feliz? Si fuera verdad, lo pagaría a gusto... lo peor de todo es que lo echo de menos... Me acuerdo de esa noche, esos besos... veo nuestros sueños, tu sonrisa, tus ojos verdes... era una promesa… ¿Tan difícil era mantenerla? 


Es que cuando estás mal, cuando ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible. Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde, sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento: «Él no está»... ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú y... desaparecer. 


Nadie hace caso del agua que va después de la lluvia, cuando vuelve el sol. Poco importa si sobre esa agua hay lágrimas después de haber llorado, por amor, por dolor. El agua se evapora, vuelve al aire, a nuestros pulmones, respirando el viento que sentimos en la cara. Y las lágrimas vuelen a entrar en nosotros, como las cosas que hemos perdido, pero nada se pierde en realidad. Cada segundo que pasa, cada luna que surge no hace más que decirnos…VIVE! Vive y ama lo que tú eres, como tú seas, por lo que seas. Mira en lo alto hacia el cielo, cierra los ojos. Y no te canses nunca de soñar. La vida es muy corta para no ser felices juntos.