
Ella sabe que, por respeto a los demás, deberÃa quedarse más dÃas en casa en vez de salir tanto a estropear el paisaje. Sabe que los que la llaman bonita son mentirosos compulsivos, enfermos o miopes. Tiene una exagerada obsesión con los espejos. Algunos creen que siempre se mira porque se gusta, creen que es una creÃda. Pero yo sé que se mira para decidir si durante algunos momentos debe quedarse encerrada en los baños de algun lugar o no. Dice que no le gusta odiar a alguien, que por mucho daño que le hagan siempre acaba perdonando, pero sin querer se contradice, porque ella misma se odia exageradamente. No le gusta que le toquen la barriga, ni que le miren de muy cerca la cara, las piernas o cualquier otra parte de su cuerpo. Le encanta comprar ropa y seguir la moda, pero también le entristece, dice que no puede ponerse según que cosas porque se le nota la barriga, asà que suele comprar ropa dos tallas más de la que le toca. Muchas veces ha decidido ayunar durante una semana para ver si funciona, nunca ha durado más de dos dÃas; se siente satisfecha al controlarse pero le da miedo ponerse enferma, y escoge estar gorda, pero sana. A veces le entra el pánico al mirarse en el espejo, se da cuenta de que por muchas dietas que haga, por mucho deporte que practique o por mucho que deje de comer, su rostro nunca cambiará. Y no encuentra otra salida que intentar convencerse a ella misma de que tampoco está tan mal. A veces lo consigue, pero dura poco. Cree que le da asco a todo el mundo, incluso a sus mejores amigos o a su pareja, esa es la razón por la que tanto le cuesta sostenerle la mirada a la gente. Mil veces ha estado al borde de la locura, esa locura que te hace pensar cosas absurdas e irreales, como cuando la riñe un profesor y cree que lo hace porque es fea. O como cuando camina por la calle y piensa que es el centro de atención por ser un monstruo. Todos sus amigos saben que su autoestima es casi inexistente, pero nadie la escucha, ni nadie la entiende. Intenta hablarlo pero lo único que hacen es responderle que no diga tonterÃas, que es muy guapa. Pero a ella oÃr eso le hace aún mas daño, odia que la mientan. Últimamente llora mucho, demasiado, pero nadie sabe que lo hace por su fÃsico, “su maldito fÃsico” como suele decir. A veces le encantarÃa que todos lo supieran, todos. Su familia, sus amigos, sus compañeros, sus profesores e incluso los desconocidos que saluda por la calle. Le gustarÃa que lo supieran, no para darles pena ni para recibir más atención, si no para que entendieran que cuando dice que está triste no lo dice porque tenga las hormonas revolucionadas o porque quiera hacerse la victima, que entendieran que lo dice porque a veces su vida se convierte en su obsesión con el fÃsico, y cuando eso pasa solo es capaz de romper a llorar. Que entendieran que lo que tienen que hacer es dejarla sola, o simplemente abrazarla en silencio hasta que se le pase, para que vea que aún existen personas capaces de soportarla cuando se vuelve tan gris.

