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domingo, noviembre 13, 2016

Tipos de adiós

Todos en algún momento hemos dicho "adiós" en diferentes situaciones. Palabra fuerte y decidida.
Según lo que he vivido y me ha pasado, descubrí -según yo- que en el amor hay varios tipos de adiós:

El adiós por salud mental - es cuando decides irte o alejarte de alguien que quieres o crees querer pero que te hace daño, esas relaciones tóxicas. Normalmente es ese adiós que al poco tiempo te hacen volver a lo mismo, en algunos casos, varias veces. Y también están ligados con cierto nivel de manipulación que hasta te hacen sentir que irte fue la peor decisión y que tu deber es volver. Ese que dices con miedo, con inseguridad y te hace sorda, cuando todo el mundo te dice que te vayas por tu bien pero que tú nunca escuchas.

El adiós por cansancio - es cuando has aguantado demasiado por mucho tiempo, y llega un momento en que te hartas y mandas a la mierda a todo y te vas, así, sin mirar atrás. Cuando cortas cualquier tipo de comunicación con él y comienzas a conocerte de nuevo y ves la vida diferente, con alegría y sabes que tienes otra oportunidad de ser feliz con alguien que sí vale la pena. Es uno de los mejores "adiós" (creo) porque él nunca se lo espera pero al final lo haces y eso es gratificante.

El adiós culpable - es cuando aparentemente no hay problema, pero no te sientes bien y no logras entender por qué. Cuando no te basta esa persona a pesar de que nunca hubo ningún problema. Algo así como cuando sientes que no te completa, que no te llena, que te falta algo y decides irte porque no quieres herirlo ni que pase más tiempo. Ese adiós que después te hace sentir un poco mala. Normalmente pasa esto cuando no olvidas a otra persona y pones en práctica eso de "un clavo saca a otro clavo" pero te das cuenta que no funciona y decides alejarte de una vez. Ese adiós que después de decirlo... la vida se encarga de refregártelo en la cara de vez en cuando.

El adiós doloroso - es ese adiós horrible que tienes que decirlo porque estás pensando más en él que en ti y en lo que tú quieres. Es el peor adiós de la vida, ese que te cuesta aceptar que es lo mejor pero te duele en el alma, ese adiós "sacrificado" que no quieres decir. El adiós más desgarrador que puede existir, ese adiós que dices en voz baja y que te alejas despacito, volteando de vez en cuando por si él decide detenerte para pedirte que no te vayas. Ese adiós que dices con los ojos cerrados porque no puedes creer que lo estés diciendo. Ese puto adiós que hace que te olvides de ti por la felicidad de él, lejos de ti. El adiós terrible por ser mala para alguien tan bueno, el adiós que hay que decir por no merecer un bonito amor. Ese adiós es el peor de todos, porque te quedas sin un pedazo de ti, que se queda con él. Ese adiós que dices sin querer irte. Ese adiós que rompe tu corazón o que hace que tú misma te lo rompas. Que te duele pero que en el fondo, (muy en el fondo) sabes que fue lo correcto para él, a pesar que fue lo peor para ti.

Cada tipo de adiós, saca lo mejor o lo peor de ti. A veces decirlo es necesario, a veces te mueres de ganas de decirlo e irte y lo piensas muchas veces antes de decidir. A veces lo dices y ya, se acabó todo.

En mi caso, he dicho adiós en esas 4 situaciones. También me lo han dicho, obvio (Seguro otro día, en un post, escribiré sobre eso)

Y, ¿sabes qué? Después de decir cualquiera de esos "adiós" nunca vuelves a ser la misma, tu vida cambia, ves todo diferente, para bien  o para mal. Pasarás por una etapa de transición para poder asimilarlo y después trata de empezar de nuevo, desde cero.
Vas a llorar, y está bien, llora un día o dos, máximo una semana, enciérrate si quieres; pero luego levántate, abre las cortinas, lávate la cara, mírate al espejo y sonríete. Maquíllate, peínate, ponte el vestido más lindo que tengas, usa tu perfume favorito y sal de tu casa, aunque sea al parque, camina, siente el aire, sonríe, mira al cielo, respira profundo y vive, renace. La vida sigue, hay gente a tu alrededor que te mira, que le gusta tu sonrisa, que sabe que eres hermosa y fuerte, que quiere que estés bien.

No te tapes los oídos, ya no. Escucha todo lo bueno. Abre los ojos y mira la vida con entusiasmo, algo bueno viene para ti. Abre los brazos y abraza, ríe, disfruta, sé feliz.

En conclusión, un adiós puede darte libertad, seguridad, inclusive felicidad. También puede dejarte destrozada, con una herida en el alma, al final aprendes a vivir con eso. Pero en ambos casos, te hacen crecer, aprender, y lo más importante es que no volverás a cometer los mismos errores por las experiencias que has vivido, por las veces que has caído. Harás las cosas bien y sabrás cómo vivir sin sentirte culpable. Es cuestión de decisión.

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