Lo miraba e intentaba verte a ti pero sólo era una absurda copia que muy en el fondo sabía que no llegaba a ser ni la mitad de especial que lo fuiste tú. Lo miraba y quería sentir lo que sentía cuando estuve contigo y me frikeaba yo misma al darme cuenta de que así no iba a funcionar. Intentaba que su sonrisa fuera como la tuya pero cada vez que lo miraba me parecía totalmente distinto. Me miraba y no eran tus ojos los que lo hacían. Y en su momento pensé que cuando lo tuviera entre mis brazos y lo abrazase así como sentía que lo haría contigo, creía que ese vacío que hace tiempo se formó en mí, borraría tu ausencia y sentiría que estaba donde tenía que estar pero lo abracé y no pasó nada porque no eras tú. En ese momento me prometí que era cuestión de tiempo, que al fin y al cabo acabaría volviéndome loca como otras personas lo hicieron por mí. Me empecé a fijar en cada mínimo detalle; cuando sonreía se le marcaba un hoyuelo pero justo en el lado contrario al tuyo, y si te digo la verdad hubo un par de veces que me atreví a acariciarlo, despacito, con los ojos cerrados, porque dicen que cuando alguien sonríe y tiene hoyuelos al hacerlo es como si floreciera la primavera y no podía destrozar algo tan bonito como eso. Me di cuenta que cuando reía a carcajadas, lo hacía de forma extraña y parecía que una vez que empezaba no podía parar; como todas aquellas veces que tú y yo nos reíamos donde no debíamos y tú -aún habiendo yo parado- seguías y te escondías en mi cuello intentado calmar algo que sabías que no podías. Me fijé que cuando se molestaba siempre fruncía el ceño y se le formaban unas arrugitas en la frente, como las tuyas en los ojos cuando reías. Con él aprendí que no podía hablarle después de algún disgusto porque corría el peligro de salir dañada y en una de esas me acordé que contigo era diferente; sólo te hacía reír por muy molestos que estuviéramos y me decías que me querías y aunque yo te siguiera diciendo cien mil estupideces tú no dejabas de responder te quiero; siempre decías que eso era lo que nos mantenía unidos; el querernos tanto y el importarnos tan poco lo jodidos que estuviéramos.
Me fijé en que siempre tenía los pies fríos como tú pero no sé por qué no dejaba que jugase con los míos mientras dormíamos tan sólo para entrar en calor, aunque bueno digo que no lo sé, pero... sí lo sé; supongo que si lo hubiera dejado habría sentido que estaba haciendo algo que no le pertenecía a él. Me di cuenta, también, de que se levantaba muy temprano, mientras nosotros podíamos dormir donde sea y a cualquier hora. ¿Recuerdas las veces que te tenías que levantar temprano y te movías a propósito tan sólo para despertarme? Porque yo sí. ¿Recuerdas que tomábamos leche sin azúcar en el desayuno porque no habías comprado azucarera? Porque yo sí, me acuerdo, de todo.
Y nunca me había fijado, hasta hace poco, que casi nunca iba con él de la mano, parece fuera de lugar, aunque todo el mundo veía lo mucho que supuestamente nos queríamos, que lo quiero. Tú ni me soltabas, ¿te acuerdas? Y si tenías que salir corriendo porque habías visto algo que te gustaba, me llevabas contigo sin importar nada, aunque tuvieras que pisotear alguien, siempre íbamos de la mano. Incluso renegabas con esos postes que estaban en medio y hacían que tuviéramos que soltarnos; qué estupidez. Eso era lo que pensaba siempre, que no podías ser tan tonto pero lo eras y yo muy en el fondo -aunque quizás no tanto- lo adoraba.
Y pasaban las semanas y aunque todo había cambiado, no había día en el que no te comparara con él, cómo si le faltara algo, como si no fuese lo suficientemente bueno aún pensando que sí lo era pero entonces llegabas tú y dejaba de parecérmelo. Y odiaba eso, odiaba y odio que me hayas hecho esto o que yo misma me lo haya hecho pero supongo que la vida es eso; que te dejen, tener que alejarse incluso cuando deseas quedarte aún sabiendo que no deberías hacerlo. Y no sé por qué, ni qué pensaba en ese momento en el que decidí que lo nuestro ya era historia; supongo que tienen razón, que valoras lo que tenías cuando ya ni lo tienes. He sido una de esas tontas que no ha sabido verlo hasta ahora y lo único que me queda es seguir como si nada, pretendiendo ser feliz con alguien -que aún haciéndomelo- nunca llegará a ser lo que fuiste tú en mí. Él ya se fue también, fue lindo conocerlo, intentarlo, nunca quise hacerle daño, me hacía reír mucho, si lo comparé contigo... no fue a propósito, fue inevitable, no pude, no sé si podré alguna vez dejar de buscarte a ti en los demás, debo meterme en la cabeza que no hay nadie como tú y que por idiota, te perdí, hace mucho.
Y no sé por qué a veces me da por pensar que algún día me extrañarás tanto como lo hago yo y vendrás a buscarme, por eso quizás yo lo hice aquella vez, pero salió todo mal; quizás sea una estupidez pensar que algún día volverás, porque yo fui la que se fue primero y no tengo derecho a nada de ti aún deseándolo con todo mi ser. Tengo que dejar de perder amores que no son tú pero que sí son para mí.
Es verdad... es necesario resignarme y seguir con mi vida.


0 comentarios:
Publicar un comentario