Llegas a casa, sacas de tu cara el molde de sonrisa y la cuelgas en el perchero detrás de la puerta, te quitas la mochila de la espalda, esa que cargas desde hace mucho, te sacudes el alma como quien sacude una manta llena de polvo, pones tu corazón en su cajita de cristal, extiendes tus temores en la cama y recuerdas sin querer lo que te hiere, lo mucho que te cuesta dejar de mirar atrás, de pronto sientes que el destino se te atraviesa en la garganta, y suspiras... profundo, y vuelves a los mismos pensamientos y frustraciones del pasado, se asoma de improviso el recuerdo del día en que te rompiste. Haces una lista de reproches contra el mundo, contra la vida, contra el destino. Te gustaría volver atrás y hacer las cosas bien, sientes que tu vida sería diferente si hubieras elegido el camino correcto y te lamentas, te detestas, te sientes culpable. El destino nunca te ha dejado un mensaje. Un punto más para el fracaso, y fumas hierba... para reír y olvidar. Buscas el interruptor para apagar tu cabeza, para desconectar tus sentimientos, aunque sea por un rato, pero encuentras refugio en alguna película y te identificas, y ves plasmada tu historia, pero el final que es feliz ahí, nunca se da en tu vida real y te atormentas. Piensas en todo lo que le dirías si lo volvieras a tener en frente y se te apachurra el corazón ahí en su cajita y terminas recolocando la tristeza en tu cabello. No quieres oír lo que te dicen los demás porque sabes perfectamente lo que debes de hacer. Te duermes... con las preguntas sin respuestas, con alguna lágrima frustrada que nunca salió, con el nudo ciego en la garganta y el corazón cansado de sobrevivir con tanta herida cicatrizada, y... sueñas.
Temprano despiertas, te miras al espejo, te dices a ti misma "hoy es el mejor día de tu vida" y sonríes (un poco), te quedas en la ducha un rato, limpiando tus temores, tu aura, tus pensamientos, te pones ese vestido que te encanta, luego tapas tu melancolía con pulseras y collares de colores, recoges todo lo que tiraste, lo que soltaste, suspiras... profundo, y te pintas los ojos para ver si así ves diferente tu destino.


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