Los que me conocen y quizás los que me leen sabrán que no soy muy católica, que he tenido un par de malos ratos (por no decir horribles) con ese tema. Entonces ando peleada con el mundo, con la vida y aunque suene mal... también ando peleada con Dios. Muchas veces he sentido un vacío enorme y no consigo paz, ni respuestas, ni nada que me haga tener fe. Las cosas últimamente no me han ido bien y aunque algunas han mejorado como la relación con mi papá que hasta ahora todo va bien, pues hay otras que van de mal en peor. Me volví negativa, me hundo a mí misma, me conformo con lo que el puto destino tiene para mí. Ya no tengo fuerzas para luchar por lo que quiero, he tirado la toalla y eso hace que no me sienta orgullosa de mí misma, que me desconozca, que no sea yo. He soltado a alguien que realmente quiero en mi vida, estoy haciendo cosas que no he hecho antes, estoy utilizando como alguna vez me utilizaron y quiero creer que eso me hace bien, que de eso se trata llenar vacíos. En el trabajo siento que no avanzo y me frustro demasiado. Sonrío por fuera, pero por dentro estoy llorando desesperadamente pidiendo ayuda sin saber cómo ni a quien aferrarme.
Hace días estuve caminando por ahí, pasé por una iglesia y entré, me fui hasta la última banca del lado izquierdo, me senté en la esquina, junto a la columna... y lloré, lloré porque no podía más. Lloré porque no sabía cómo hablar con Dios, no sabía cómo rezar, no sabía cómo decirle que necesito ayuda, no sabía cómo pedir perdón. No me siento digna de pedirle algo, muchas veces he renegado de él, no he confiado en él. Lo único que fui capaz de decirle fue: "Tú sabes lo que necesito, no te pido sentirme bien, solamente te pido no sentirme tan mal".
No sé cuánto tiempo estuve ahí, sentada, llorando, pensando, suspirando.
Salí de ahí sintiéndome quizás un poco mejor, ni siquiera sé cómo explicarlo. Quiero ser la misma de antes, la optimista, la que vive feliz, la que encuentra algo positivo a todo, la que se lanza al vacío por amor, sin pensar, sin poner peros, la que se levanta cuando no le va bien en el trabajo y las ideas fluyen para hacer lo mejor, la que anima a los demás. No quiero ser la que no cree en nada, la conformista, la cobarde, la que se rindió.
No sé si en verdad pedí ayuda con lo que dije o con todo lo que lloré, no sé si Dios me escuchó, me perdonó o me dejó en pendiente.
Necesito señales, algo que me haga saber qué estoy haciendo mal, ¿cuál es el siguiente paso? Realmente necesito ayuda, ya no puedo más. Ayúdame, no quiero seguir cayendo, no me sueltes por favor. Dios... perdóname.


0 comentarios:
Publicar un comentario