Desapegarme de alguien que ha sido malo conmigo, que me ha lastimado, que me ha hecho llorar más que sonreír, que me ha defraudado, que me dejó sola cuando más lo necesitaba... debería ser fácil... ¡debería! Pero a pesar de haberme marcado de por vida, se me hizo difícil desapegarme de él, porque cuando estaba viviendo lo que mencioné antes, no me daba cuenta de la realidad, sólo vivía la irrealidad de una mentira. En serio quería desapegarme pero no podía. Luchaba en contra de mí misma por creer que él podía cambiar pero jamás lo hizo. Luego pasó el tiempo, no sé cuánto exactamente, y me destapé los ojos y el corazón, y fue ahí cuando por fin pude darme cuenta de la mierda que estuve viviendo, de la baja autoestima que tenía para haber permitido que me trate como cualquier cosa, de lo injusta que había sido conmigo misma, por creer que merecía a alguien así, por aguantar por tanto tiempo. Y vi todo con claridad, y mi corazón se liberó y me desapegué realmente de lo que tanto me había herido y sentí que merecía ser feliz y sonreí porque avancé, porque salí del hoyo en el que había estado durante demasiado tiempo.
Pero ¿qué pasa cuando debes desapegarte de alguien que te hace bien? Eso es muchísimo más difícil. Obviamente nadie quiere desapegarse de esa persona que de verdad te hizo feliz, sin mentiras, con amor, con cariño, con respeto. Desapegarme de la persona que me alegra con su sonrisa, que me toma de la mano inesperadamente, que me deja robarle besos, el que es tan cosquilloso como yo, que me miraba como si fuera mágica, ese que es un lindo. Ese que extraño jodidamente, que extraño tenerlo cerca, que necesito. Entonces miro sus fotos y sonrío como tarada y me acuerdo las veces que se aparecía pasando la media noche en mi casa, con su guitarra, con su sonrisa y yo salía y me colgaba de su cuello y era feliz. ¡Mierda! Cómo extraño caminar de la mano con él, cómo extraño estar tirados en la cama viendo videos de lo que sea, riéndonos, bromeando, jodiéndonos, haciéndonos cosquillas, queriéndonos. Extraño ESOS momentos juntos, la vez que lavé su polo (lo haría mil veces). La foto de su pared mal pintada. El usb de guitarra que le regalé. Extraño subir los 7 pisos por las escaleras y que él esté en la puerta esperando. Sus ojitos dormilones, su voz, sus manos. Necesito abrazarlo, besarlo, morderlo, necesito que me mire y que sonría, realmente necesito ver su sonrisa de cerca, de muy cerquita. No me importaba recogerlo de su trabajo y tener que aguantar 2 horas aburrida hasta la hora que él salga, lo hacía por él. Maldita sea, la verdad es que no quiero desapegarme de él, no quiero soltarlo, no quiero alejarme ni alejarlo, pero lo estoy haciendo, por un error de la vida, del destino, del universo, un error mío. No quiero, no quiero, no quiero, de verdad no quiero perderlo, pero mi realidad es que aun no puedo aceptar que ya lo perdí. ¿Y ahora qué hago con mi amor? Tengo la sonrisa rota, el alma triste, el corazón apachurrado... él es un hermoso. Y yo no hago nada, sólo dejé olvidada mi vincha (a propósito), ahora ya no sé nada, no quiero enterarme de nada y sigo mi vida, aparentemente indiferente... pero mi única verdad es que, a pesar de saber que no va a volver, en el fondo de mi corazón, yo... lo espero, tan sólo por esa pizca de posibilidad de que el destino, aunque sea por una única vez, se equivoque.


0 comentarios:
Publicar un comentario