Ok lo soltaste, te desapegaste de alguien que te hace bien, de alguien bueno, sincero, amable, que te entiende y te aconseja con el corazón. Desprendiste tu mano de la suya, alejaste a una de las mejores personas que has conocido en tu patética vida. Él es el único que logra que te olvides de tu celular, porque no quieres perder ni un segundo su atención. Lo dejaste ir... ¿y ahora? ¿Qué sientes? ¿Qué pasa cuando te das cuenta que una vez más tomaste la decisión incorrecta? ¿Qué pasa cuando sueñas con él? ¿Qué sientes cuando te escribe? ¿Qué sientes cuando te llama? ¿Qué sientes cuando ves una foto de él? ¿Sigues sonriendo cuando ves la primera foto de los dos? Esa foto que él mismo tomó la noche en que se conocieron. Y recuerdas su sonrisa, su perfil, sus manos y te sientes vacía y lo extrañas y lo ves y sales con él de madrugada, de improviso, y quieres imaginar que todo está bien y lo tomas de la mano, le sonríes y le das un beso en la mejilla. Y él, él te mira y sonríe (con esa sonrisa que te derrite) no dice nada pero no te suelta la mano. Y tú, tú no dejas de mirarlo, no quieres perderte ningún detalle, ningún gesto, quieres poder recordar cada sensación, cada latido de su corazón y lo abrazas y sientes que quiere decirte algo y se frena, se tapa la boca, se muerde la lengua y te sigue mirando como si fueras a desaparecer. Y finalmente... empiezas a desaparecer, pero no quieres hacerlo, quieres que haga algo para evitarlo y terminas diciéndole que se quede esa noche contigo.


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