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sábado, agosto 16, 2014

No huyas, solo márchate



Muchas veces irte no es suficiente, en realidad, debes marcharte. Entrena tu corazón como a una mascota, cambia las cerraduras de tu casa, esa casa a la que él nunca entró. Eres afortunada, una chica afortunada. Tienes una linda sonrisa, una mirada preciosa, un corazón bueno, quebrado pero llenito de amor. No recuerdes tu desafortunado pasado, tus problemas son marionetas que puedes manejarlas a tu antojo. Está bien, pudiste tenerlo y lo tuviste, luego lo perdiste, lo soltaste y ahora tumbas el puente hacia tu casa, haces llamadas antes de que él vuelva, respondes los mensajes que te escribieron, aceptas a un amante, a ese que te mira como si fueras mágica. Tomas todo el alcohol que tienes, fumas toda la hierba que te queda, ríes, bailas, corres y luego… lloras, te deprimes, bajas de peso, huyes. Las mujeres estúpidas siempre intentan desaparecer como venganza. Y tú no eres estúpida. Quisiste a un hombre con el corazón malherido y eso es de valientes, confiaste nuevamente en el amor, no funcionó pero te quedas con el consuelo de que diste todo de ti por alguien, que aunque es el equivocado, en ese momento fue el indicado. Haz lo que tengas que hacer para proteger tu corazón, taparse los ojos y los oídos no puede ser malo para alguien que no quiere dañarse a sí misma. Marcharse no es huir, marcharse es alejarse en buen plan, deseándole lo mejor porque por un tiempo, él te hizo feliz.