Muchas
veces irte no es suficiente, en realidad, debes marcharte. Entrena tu corazón como a una
mascota, cambia las cerraduras de tu casa, esa casa a la que él nunca entró. Eres
afortunada, una chica afortunada. Tienes una linda sonrisa, una mirada
preciosa, un corazón bueno, quebrado pero llenito de amor. No recuerdes tu
desafortunado pasado, tus problemas son marionetas que puedes manejarlas a tu
antojo. Está bien, pudiste tenerlo y lo tuviste, luego lo perdiste, lo soltaste
y ahora tumbas el puente hacia tu casa, haces llamadas antes de que él vuelva,
respondes los mensajes que te escribieron, aceptas a un amante, a ese que te
mira como si fueras mágica. Tomas todo el alcohol que tienes, fumas toda la
hierba que te queda, ríes, bailas, corres y luego… lloras, te deprimes, bajas de peso, huyes. Las mujeres estúpidas siempre intentan desaparecer como
venganza. Y tú no eres estúpida. Quisiste a un hombre con el corazón malherido
y eso es de valientes, confiaste nuevamente en el amor, no funcionó pero te
quedas con el consuelo de que diste todo de ti por alguien, que aunque es el
equivocado, en ese momento fue el indicado. Haz lo que tengas que hacer para proteger tu corazón, taparse los ojos y los oídos no puede ser malo para alguien que no quiere dañarse a sí misma. Marcharse no es huir, marcharse es
alejarse en buen plan, deseándole lo mejor porque por un tiempo, él te hizo feliz.

