En
aquella época difícil hasta llegué a creer que los sueños pueden ser
desechados, secuestrados, pero que no se pagaba por ningún rescate. Voces
suaves, transformaban sueños en vergüenza, pensaba que habían sueños que no podían
ser, y que la vida ya una vez había matado algún sueño que yo había soñado,
pero aun así seguía soñando, porque será? Será que es inevitable? Que es parte
de nuestra naturaleza? Que es involuntario? No lo sé, pero lo que ahora sí sé
es que nadie tiene la potestad de destruir nuestros sueños más que nosotros
mismos con nuestros miedos y temores. En mí, nunca morirá el placer de soñar,
ya no tengo miedos, ahora tengo suficientes fuerzas para seguir soñando, y cada
vez más y más, pues para mí no hay límites ni en sueños ni en la vida real! por
eso ahora les puedo decir que soñemos pues es gratis!