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miércoles, octubre 05, 2011

Me gustaría.....


Me gustaría hablarte de él, desde la abrumadora distancia que nos separa y desde la complicidad cotidiana que nos une. Me gustaría decirte cómo lo extraño y cómo cierro los ojos y disfruto (lo dice una canción) echando de menos ya terminó septiembre, y media primavera se ha marchado. Las palabras que escribimos se me enredan en los ojos y en la piel, va llenando el cajón de los recuerdos y me tiembla en la boca la sonrisa. Quisiera contarte, cómo es cuando brilla su mirada y se refleja en los hilos de mi blusa, cuánto dice, cuánto calla. Y hasta, a veces, cuánto calla lo que quisiera decir y no se lo permite la imagen del espejo. Octubre se adormece, vuelan las preguntas, huyen las respuestas y sigue este sueño, dormido y despierto, revoloteando entre mis pensamientos y mi corazón. Quisiera decirte cómo es cuando tiembla y dice mi nombre, con todas las letras, y suena a piropo, y sabe a café, y sonríe y brilla sólo para mí, porque nadie sabe, porque nadie entiende este mundo nuestro hecho con besos de papel y miedos pequeños que se enredan en las piernas y sonrisas que quisieran ser abrazos. Quisiera contarte, desde esta ventana, a la que se asoma sin verme los ojos, cómo es primavera si él está a mi lado, cómo me descubro siguiendo sus pasos, cómo soy la cómplice de esta luz que alegra los días, los meses, los cajones, las palabras que nos regalamos, y escondemos, y rompemos Quisiera decirte cómo es de bonito sentirme a su lado y escuchar su voz, cercana y amiga, saberme esperada, saberme querida, aún en la distancia de años y años sin saber que estaba, sin saber quien era mirar el reloj, escuchar atenta sus pasos serenos, mirar la sonrisa, retenerla acaso y detener el tiempo. Luego, recordarla en silencio, ya de madrugada, y convertirla en palabras bonitas quisiera decirte cómo lo extraño, cómo no se aparta de mi pensamiento y se queda quieto, enredado en mis párpados, en ese momento, de creer en las hadas, entre el insomnio y el sueño. Te podría hablar, si no fuera un secreto, de sus manos tibias que sólo rocé varias veces, varias noches, varias madrugadas, varias mañanas, y de todo el miedo, como un muro de piedra que obliga al silencio. Pero la memoria no calla, recuerda, como yo recuerdo todas las palabras las leo y releo, temblando y sonriendo, tarareo canciones que, a través del tiempo, nos dibujan y dibujan este clandestino y sin embargo inocente sentimiento. Ese miedo que nos deja sin aliento, que nos calla y nos detiene, que nos aleja a veces, que nos une sin remedio, que nos persigue y nos muerde quisiera contarte cómo es ese miedo, pero se me escapa, porque él lo custodia, vigila y protege, no lo deja fuera, lo esconde, lo aleja y en un arrebato de luz en sus verdes ojos, cuando nadie mira, yo leo en sus labios que me dice «tan linda», y tiemblo, y sonrío, y digo su nombre, todo con mayúsculas, sin punto al final, sonando a «te quiero». Quisiera contarte, desde esta ventana, cuando, en un susurro, lo siento mirarme, lo dejo instalarse en un rincón antiguo que tiene mi alma y que sólo es mío, y que ahora es nuestro. Me veo en sus ojos como en un espejo, y no soy la misma que tú conocías, me siento tan niña, tan joven, tan mujer, tan embelesada, tan llena de vida quisiera decirte qué es esto y no puedo como en un susurro, tan cerca y tan lejos, escucho su voz