¿Quién soy yo para decir que el fuego en el que ardo ya no me quema la
piel, no me hace daño? Como dos satélites, tuvimos nuestro espacio para no
malgastar así el tiempo en huevadas. El camino de los dos se nos llenó de
piedras, lanzamos cada una de ellas hacia nuestras cabezas y ¿por qué perdimos
los papeles así? No queda tiempo para los dos por más que lo intente o más que
te quiera. Se quema el amor, se abrazan los huesos, se inventa el dolor, se
pierde el deseo y sé que todo arde.