
Que un día llega alguien y te toca con su alegría, su vitalidad, sus ganas de vivir. Te llena con su sonrisa y te contagia todo su entusiasmo. Te despierta y vuelves a vivir. Te renueva las ilusiones que creías perdidas, te recuerda que debes atender esos antiguos sueños que por miedo o por falta de decisión dejaste pasar. Te escucha, te intenta comprender. Te llena de amor, te entrega lo mejor de sí mismo sin pedir nada a cambio… y sin quererlo, te cambia la vida. Vuelves a sentirte como un niño y dejas atrás el miedo y las dudas porque algo en tu interior te dice que esta vez sí va a salir bien. Pero si no te abres a eso, si no permites a nadie entrar de nuevo en tu corazón, siempre te preguntarás qué hubiese pasado.


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