
El día y yo nos hemos despertado igual, como cayendo tristes buscando la paz, y nos dejamos navegar, por las tuberías construidas en el pecho de esta ciudad, un trago de ti calienta mi garganta, y el corazón comienza a hervir, y llegan por fin las fuerzas que me levantan, mi mano aprieta un puñado de mentiras, y las suelta… mientras estas se ahogan x el desagüe, y sabes nos bañamos para limpiarnos, los miedos y los daños… Gritamos con la rabia del cielo, nos empapamos hasta los huesos, y las botas salpican en el suelo. Miro hacia arriba y echo de menos, nuestra saliva nuestro sudor, formando charcos, espejos en movimiento de nuestro instinto, aquí en cualquier lugar pero te necesito, aún quedan rastros del momento frio y blanco y ya no me aguanto, caeré de un salto, en tu arco iris invertido, juguete para los niños y tranquilidad para los demás, sombra arrugada diluvia en el mar, cambiar las alas por escamas, bailarte por dentro, burbujas de cristal, olvidarme del cuerpo y flotar. Nuestra medicina vital, el oleaje es algo así como el gemelo del viento, pero con el vuelo en el centro, y una costura por fuera.
¿Alguna vez has abierto los ojos debajo del agua? La música en estado líquido puede colorearte la mirada.


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