
Miedo a que alguien te diga: "te he estado esperando toda la vida y ahora es otra la que está a tu lado", y sea yo esa otra, que para todos los espectadores serÃa la mala de la pelÃcula. A que un dÃa despiertes con mis costumbres encima, mi rutina debajo, mis manÃas rodeándote, y te asfixies de mà anhelando una vida que no supe darte. A que en la próxima cerveza sonrÃas a una inquieta desconocida y yo me quede en blanco pensando cómo volver a extraer de ti esa misma sonrisa. A que se queme un dÃa el calendario y aceche tras él la fatiga de tus cien años de promesas aún por cumplir. A que pienses que el pesimismo de estas palabras es un pronóstico de naufragio en vez de un achique de dudas que practico conmigo misma para que asà jamás se hunda el barco. Y es que a los miedos, insisto y añado, hay que darles desorden y poesÃas, hay que atajarlos poniéndolos sobre la mesa, descifrarlos con palabras, asumirlos, y vivir cómo si ahà no estuvieran. Si miras en los cajones verás restos que escondà para que no los vieras. Me conoces, y sabes que es algo que llevo conmigo; sólo alguna vez, y muy de vez en cuando, saco a relucir mis miserias. Pero sólo alguna vez. Y sólo muy de vez en cuando.

