
Y de repente, mirar al futuro y estar en el presente con una sonrisa en la cara que no me he pintado, que sale con toda la naturaleza posible y sin motivo aparente. Simplemente, curas, cicatrizas o ignoras cicatrices, esas cicatrices que me impedían soñar despierta, cicatrices que en algunos momentos causaban un gran dolor, un gran llanto y el recordar por qué están ahí, y ahora son indiferentes, y diferentes las circunstancias.
Se me ruborizan las mejillas a la mínima, risas tontas, profundas sonrisas, por detalles mínimos que vienen de personas a las que quieres y sabes con seguridad que ellas también te quieren a ti, y que sabrían diferenciar si la sonrisa es falsa, si en realidad en ese momento en tu corazón posees cataratas, ríos, lagos u océanos de las más tristes lágrimas marcadas por algo o alguien.
Tener ganas de seguir viviendo, de descubrir el mundo entero, de recuperar sentimientos, de mejorar momentos, de mejorarse uno mismo y rectificar fallos e intentar dejar a un lado el rencor o el odio, porque no merece la pena, porque las personas deben vivir sonriendo.
Porque yo he sido capaz de levantarme, aunque haya sido un curioso sueño y bastante ficticio el que me haya ayudado o el que ha conseguido darme el empujoncito, y es sumamente imposible, es la mayor bobada que he soñado (y eso que tengo record en sueños tontos) pero soñar... soñar es lo que siempre me queda, lo que me llena por las noches y no me hace sentirme sola a la hora de dormir.
Y aunque los sueños sueños son... seguiré soñando, y a la vez viviendo aunque sepa que la vida no es un sueño, pero puede ser semejante si uno se lo propone.
Quién no ha soñado con el ruido de las olas del mar, con el viento ondeando mi pelo, con campos llenos de alta hierba, con bosques con secretos escondidos, con la persona menos pensada besandote el día menos pensado. Se puede soñar cualquier cosa, pero el subconsciente manda.

